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Calor en las aulas. un motivo para la reflexión



Si nos preguntaran a los valdepeñeros cuál ha sido la característica más extraña de la primera quincena de junio, estoy convencido de que muchos señalaríamos las atípicas temperaturas que hemos sufrido a lo largo de las dos últimas semanas, rematadas con una “ola de calor”, una situación excepcional que se vive como mucho dos o tres veces cada verano.
Si además se nos pregunta a los que somos padres con hijos en edad escolar forzosamente hablaremos del sofoco que están sufriendo nuestros pupilos estos días. En muchos lugares del centro y del sur de nuestro país, entre ellos nuestra ciudad, las escuelas están ejerciendo su labor docente en aulas donde puntualmente se alcanzan los 35ºC, cuando lo ideal para desarrollar un trabajo de carácter intelectual exige valores por debajo de los 27ºC. No es raro pues encontrar a niños dedicados más a ventilarse con un simple papel que a seguir las explicaciones o las propuestas de trabajo del profesor.
¿Y todo esto por qué?
Pues en primer lugar porque nuestras escuelas no están acondicionadas para la canícula que soportamos durante todo el período estival. No existen sistemas de aislamiento que protejan sus instalaciones frente al calor, la localización de las aulas no es la más adecuada para permitir la circulación del aire por todo el edificio e incluso la distribución de los edificios hace que la diferencia de temperatura entre distintas clases sea muy acusada.
No hablemos ya de la existencia de equipos de aire acondicionado. Alguien me dirá que no eran necesarios en tiempos pasados, sí, y estoy de acuerdo, como no eran necesarios muchos de los sistemas que mejoran nuestras condiciones de vida, tampoco en el pasado había calefacción en las escuelas ¿Alguien permitiría que sus hijos fuesen a clase si se decidiera apagar los radiadores en invierno para reducir gastos?
Cualquier discusión sobre la duración de las vacaciones veraniegas debe tener presente que todos los meses de julio son como la pasada quincena del mes de junio. Cuando nos interesamos por modelos educativos de países más avanzados en enseñanza y escuchamos cómo se impone la redistribución de los periodos de descanso de los alumnos para hacer más efectivo el proceso de aprendizaje tropezamos irremediablemente con la cruda realidad del calor que impide la labor docente en julio y agosto.
Aventuro que, con el curso resuelto, los alumnos desaparecerán de nuestras aulas en los próximos días aun por mucho que nos esforcemos en hacer las últimas clases más atractivas, pero mayor aún es el problema en Infantil y en Primaria, donde los problemas de conciliación laboral hacen más difícil a los padres buscar remedio al sofoco que sufren sus hijos, por no poder dejarlos en casa o al cuidado de nuestros mayores, aun cuando es a estas edades cuando el riesgo para su salud es mayor.
Debemos plantearnos pues qué medidas se pueden adoptar para hacer estos últimos días más soportables por el bien de nuestros pequeños, que son los que más están sufriendo las consecuencias de este junio atípico, y desde aquí invito a la reflexión a todos los padres que viven este problema para que entre todos busquemos soluciones que ayuden a acabar con una situación que parece casi ridícula en los tiempos en los que vivimos.
Antonio Pozuelo García
Responsable de Política Municipal de Ciudadanos de Valdepeñas


22/06/2017 |
 
     
 
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