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En Ciudadanos discrepan a oscuras



“La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar” dijo Bob Marley. Y es precisamente la libertad de escuchar la que asusta a los partidos políticos, como a Ciudadanos. Esta agrupación ha aprobado en su abril el Reglamento de Organización en el que organiza ni más ni menos que la libertad de expresión de sus afiliados a través de redes sociales. No es poco organizar. Se proscribe la creación de corrientes de opinión de cualquier forma, incluyendo el correo electrónico y la mensajería instantánea. En este articulado y como nota a pie de página deberían haber añadido: “En definitiva, que discrepe usted bajito”. No puedo evitar recordar a Cipriano Salcedo, el protagonista de la novela El Hereje de Miguel Delibes. El ingenuo Cipriano Salcedo frecuentó reuniones clandestinas en la Valladolid del siglo XVI donde se reunían los primeros grupos del Protestantismo. Discrepaban a oscuras pero el Santo Oficio ofreció la perversa luz de cientos de hogueras por la discrepancia. No observo en Albert Rivera especial ardor pirómano sobre sus discrepantes en potencia. Más bien es el miedo lo que le arrebata el alma y le arrebola el espíritu. ¡Qué ridículas puertas al campo! Todo legislador que establece una prohibición debe prever una sanción o pena para su incumplimiento. Y la pena o castigo por discrepar con Ciudadanos es la expulsión. Con permiso de Javier Krahe, es preferible una poquita hoguera para que la pira en la plaza pública le dignifique a uno por el atrevimiento. Sí, Albert Rivera no teme al listo que discrepa y despotrica en directo, sino al tonto que le escucha. Este es el miedo que le lleva a normativizar en un escaso reglamento aquello que el éter no detiene y que es la opinión. ¿Cómo impedir la gestación de una opinión?, ¿cómo impedir que se propague? Para Albert Rivera la opinión discrepante es una mancha de grasa en su impoluta camisa blanca de su esperanza.
En los grandes partidos, los militantes llevan grabado a fuego qué es lo que no hay que hacer para que no le confinen a uno en las particulares islas del Elba que hay en cada partido para los discrepantes. Y sin articulado ninguno. Se le niega la palabra al militante díscolo y se le arrebata el puesto de trabajo y a buen entendedor pocas palabras bastan. Nada como el ostracismo para desincentivar la libertad de expresión. Albert Rivera debería aprender de sus mayores. Se trata de una disciplina de partido que se extiende a toda la vida del militante: sus compañías, sus amigos, los lugares que frecuenta y, cómo no, sus publicaciones en las redes sociales. En un partido político como dios manda el militante está sujeto por sus divinos tirantes y su libertad de expresión se limita a la mera libertad de elegir qué consigna repite. Ay, Albert! no hacía falta semejante Reglamento de Organización de conciencias por WhatsApp porque siempre hay un perro fiel que transmite la discrepancia a los mandos para que obren en consecuencia. Sólo se trata de saber rodearse de buenos perros.

Abogada
elveladordeaurora.blogspot.com.es


03/07/2017 | Aurora Gómez Campos
 
     
 
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