http://www.corcovo.com/
    jaraiz.net  |  Noticias  |  Opinión
 
 
  Portada  
  Noticias  
      Valdepeñas  
      Manzanares  
      Comarca  
      Cultura  
      Deportes  
      Opinión  
      El Comentario  
      Provincia/Región  
  El comentario  
  Emprendedores  
  Encuestas  
  Enlaces  
  Contacto  
  Crónicas Plenarias  
 
De patrias y banderas
Mareando la perdiz


Mi vecina Ramona utiliza el refrán popular: "No hay mal que por bien no venga" intentando aplicarlo a la situación actual sobre Cataluña. Dice que a pesar de la crispación y el mal rollo que se ha instalado en la política nacional a cuentas del intento separatista catalán, le ha sorprendido en general la reacción en formas y modos de tantos ciudadanos que estaban o estábamos adormecidos. Anestesiados, hipnotizados e insensibles ante otros asuntos de vital importancia para el ciudadano. Ella se refiere a la enorme cantidad de casos de corrupción, un tema preocupante y de interés general que está perjudicando los intereses económicos del Estado.
Sin embargo, el intento secesionista de Cataluña ha conseguido que gran parte de la sociedad se haya posicionado expresando su opinión. Criterios o veredictos que, manifestados por personajes públicos, han logrado tensar más la situación y es tal el grado de crispación que muchos de nosotros hemos obviado su derecho a ejercer la libertad de expresión. En el caso de personajes populares las críticas han llegado a límites extremos, cuando no patéticos, por su intolerancia y exageración.
¿Es fácil o difícil posicionarse sobre un conflicto enquistado y que viene de largo? Seguramente es inevitable por el exceso de información en los medios y, de manera superficial, sólo conocemos las razones de uno y otro bando, sin embargo el tema es mucho más complejo de lo que nos parece a simple vista. Razones y argumentos los hay para todos los gustos y se pueden manosear a nuestro antojo para argumentar nuestro posicionamiento personal.
Obviando el hecho diferencial de la cultura y la lengua, tenemos que tener en cuenta que la idea general en Europa es eliminar barreras de todo tipo incluyendo las fronteras, con el objetivo de conseguir el libre comercio, el libre mercado, el tránsito de habitantes, la unificación de leyes y de derechos y obligaciones de todos los ciudadanos de este continente. ¿Qué sentido tiene en la Europa actual que Cataluña quiera ser un estado más?
Me confiesa Ramona que sinceramente no lo entiende y me refiere que la independencia apenas reportaría ventajas para la mayoría. Sólo las privilegiadas élites políticas y la burguesía de aquella región acumularían más poder aún del que ya tienen.
Evidentemente hemos llegado a esta situación por esa falta de diálogo al que todos ahora recurren. También, por el inmovilismo de un gobierno que no se atreve a reformar la Constitución, ley de leyes que debiera adaptarse a las necesidades de cada época y que, por cuestiones tácticas o electorales, nunca se acomete. No es que debiera reformarse a cada momento, pero sí definirla como un instrumento para articular a las regiones que conforman nuestro país.
Hace no demasiado tiempo el secretario general del PSOE recibió muchas críticas por manifestar que por su cultura y su lengua había tres regiones históricas como posibles naciones coexistentes con la nación española, y esa idea o realidad ha existido siempre.
Ahora, entre otras cuestiones, salen a la luz el exceso que supuso conformar una nación con diecisiete parlamentos autonómicos, una división que debió ser más administrativa que otra cosa, dejando algunas competencias esenciales como la sanidad, la educación, la justicia, la defensa y la hacienda unificadas para todo el territorio, pudiéndose, a través de otras jurisdicciones y diferentes leyes, articular las particularidades de los territorios autónomos.
En este momento el cisma catalán ha extremado la situación y parece que sólo hubiera dos bandos, dos sensibilidades, dos nacionalismos arropados por sus banderas correspondientes. Un enfrentamiento de hechos y situaciones que parecen un eterno partido de tenis donde cada cual pone la pelota en el terreno del otro para seguir jugando a ganar tiempo, mostrando un derroche de ambigüedades de todo tipo, mediante decisiones que generan confusión y demoran el acuerdo.
Mientras tanto, a ella como a mí, nos sorprende ver tantas banderas desplegadas en los balcones de nuestra ciudad y de otras muchas poblaciones, algo que sólo sucedía cuando ganábamos en el fútbol alguna competición importante. Esa exhibición (que ojo, la utilizan ambos bandos) quiere mostrar el posicionamiento de los vecinos en referencia al conflicto secesionista, una muestra patriótica, un hecho simple, quizás sincero y bonito, pero que desde mi punto de vista apenas compromete.
Esa visión de la enseña nacional pudiera confundirse con el apoyo incondicional a la gestión del actual gobierno que, aunque no es totalmente responsable de la crispación, en ningún momento se ha atrevido a resolver la crisis a través de la mediación política, arropándose siempre en la legalidad y el derecho que le asiste.
Ramona, mi vecina de escalera que no tiene pelos en la lengua y que posee la sabiduría popular de la gente corriente, me razona una idea que comparto con ella.
Con los brazos en jarras me explica que: Ser patriota exige otras obligaciones más determinantes que exhibir la bandera. Es comprometerse con los demás pagando los impuestos, siendo solidario, respetando las leyes, siendo responsable en tu trabajo, comprometido con la educación de tus hijos o exigiendo en cualquier nivel responsabilidades a los políticos que hemos elegido, ejerciendo en cada momento nuestro compromiso y el sentido común. Y haciendo un gesto de desencanto remata: Algo que desde hace tiempo parece que hemos perdido.



20/10/2017 | Rafael Toledo Díaz
 
     
 
Autonomías.jpg IMG_1121.JPG
 
joroba.es | programacion web