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¿Quién lee poesía?
Mareando la perdiz


Ante un encabezamiento así el lector apenas tiene dos opciones, la primera y más natural sería pasar página, abandonar por el nulo interés sobre el tema que se trata, o animado por la curiosidad, echarle un vistazo para intentar descifrar qué encierra un título tan inusual como raro.
Bueno, no sabría explicar el atrevimiento de la cabecera, quizás el título sólo sea un pretexto para hacer referencia sobre dos libros que, aunque escritos en géneros literarios diferentes tratan sobre poesía. Me refiero a "Pasión y vida (Antología 1977-2017) recientemente presentado en la ciudad del vino y que muestra un resumen de los cuarenta años de trayectoria poética de Joaquín Brotóns, un texto prologado y presentado por el también poeta Pedro Antonio González Moreno, que es el autor de un ensayo sobre la lírica que se titula "La musa a la deriva".
Dos obras que deben analizarse con pasión e interés, pero de forma distinta. El poemario puede y debe leerse a sorbos como el buen vino, no hace falta un orden determinado. El ensayo sin embargo es recomendable leerlo en un orden cronológico.
Después de examinar el ensayo de Pedro Antonio reconozco que es más ameno de lo que el género suele ofrecer. Es crítico con la auto-complacencia o la benevolencia del desconocido mundo de la lírica, donde muchas veces todo vale. Está muy bien construido y elaborado, seguramente necesario e imprescindible para saber por donde anda la poesía española del siglo XXI, para entender su evolución natural o qué aportan los nuevos soportes tecnológicos en su difusión.
El texto está plagado de juicios e ideas ocurrentes que no pasan inadvertidas para el lector. Pedro Antonio que es filólogo y también poeta conoce bien el complejo mundo lírico, ya sea a nivel del creador, como el entramado editorial y su distribución.
En sus páginas hay afirmaciones contundentes sobre los vicios o deformaciones de los nuevos creadores, acaso más interesados en publicar que en averiguar el sentido de su obra o en perfeccionar su poesía: "Si para componer poemas se necesitaran, como para componer partituras, siete años de solfeo, no habría más de treinta poetas jóvenes en todo el país. En realidad son los que hay. El resto no hacen poesía. Sólo libros".
Se queja el autor del exceso de antologías para situar a determinados vates en corrientes o grupos generacionales en un intento de las editoriales de promocionar a sus elegidos, tratando siempre de influenciar al lector sobre autores, temas y corrientes poéticas. Un esfuerzo baldío, si algo tiene claro el filólogo es que las últimas hornadas de poetas están instalados en la anarquía, sobre todo en cuestión de temas, porque ya no existe una clara poesía social, urbana o intimista, ni mucho menos romántica, un tema pasado de moda. Los poetas de ahora son creadores únicos e individuales, obsesionados tal vez en promocionarse en los nuevos soportes tecnológicos, un tótum revolútum de temas y nombres donde resulta muy complicado elegir.
Eso no quiere decir que no hagan frente común, el mundo poético es endogámico por naturaleza, donde existe un evidente mercadeo de premios y méritos que no siempre reflejan lo mejor de la lírica. Ahí van algunas frases que reflejan la incruenta batalla para demostrar el ego de los creadores: "Dime quien te reseña y te diré si merece o no la pena leerte". "Porque siempre hubo poetas que nacieron ya con vocación de hornacina y con delirios de estatua". "El yo te leo si tú me lees". O como dice coloquialmente Joaquín, si me citas, me excitas.
Y es que se lee poca poesía y los que lo hacen son los mismos creadores: "donde siempre se ha dicho que a los poetas sólo los leen los poetas, cabría añadir que también los reseñan sólo los poetas".
De la modernidad poética destaca el autor la importancia del lenguaje lírico sin los corsés del verso, releo esta parte del ensayo y me acuerdo de Ocnos, un excelente texto poético escrito en prosa por Luís Cernuda. También resulta ingenioso utilizar el término "proema" para definir esta forma de escribir poemas en prosa aunque aún no sea un vocablo admitido por la RAE.
Pedro Antonio que se lamenta al principio del abuso de la antología, ha prologado sin embargo una más para su buen amigo Joaquín, a quien le reprocha cariñosamente que ha escrito poco. Sin embargo en su libro concluye que: "Escribir mucho o escribir poco, a la larga no importa demasiado"... "El misterio por el que un autor o una obra se hacen perdurables no es, obviamente, una cuestión de cantidad, sino de calidad".
La importancia de la poesía de Brotóns tiene dos evidencias notables, sus versos nacen para dar testimonio del amor o del desamor en carne propia, pruebas o señales inequívocas de sus vivencias, sus poemas con los excesos propios de la lírica tienen verdad. Y una segunda y no menos importante fue su valentía frente a una sociedad cateta e intolerante. Quizás la continuación de su obra quedó varada al normalizarse un "cierta tolerancia sexual" el amor griego y el mundo gay ya no son vanguardia ni están dentro de ninguna corriente de moda. El poeta simplemente se quedó sin argumentos para escribir. O quizás agotado, desangrado después de tan ardua batalla se limitó al quehacer rutinario del trabajo. Aunque Joaquín al contrario que otros nunca dejó de escribir, son numerosos sus artículos de opinión, entrevistas o crítica literaria publicados en la prensa comarcal y local.
Dice o espera Pedro Antonio que, la publicación de ésta de momento última antología, sirva de acicate para que el poeta vuelva a escribir, para que la musa regrese de la deriva. Es decir que la poesía de Brotóns vuelva a coger el rumbo que nunca debió dejar escapar, en definitiva que retorne su pasión por escribir, el entusiasmo por vivir, el deseo de emocionar, de perdurar.
Pero volviendo al inicio del artículo: ¿Quién lee poesía? aparte de los propios poetas, aunque en grado minoritario seguro estoy de que siempre leen poemas los enamorados, los desesperados, los soñadores, los románticos, los locos, los excéntricos, los raros y seguramente alguna gente "normal". En definitiva todo aquel que manifiesta sentimientos porque: "La poesía es una manera de darle sentido a la existencia" o también "una especie de terapia para la soledad"


03/04/2017 | Rafael Toledo Díaz
 
     
 
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